El histórico rey Josías y su lealtad a la Ley de Dios

sábado, 22 de mayo de 2010
Posted by P.F.

Sin lugar a dudas la historia de los hijos de Israel ha sido una de las más grandes jamás acaecidas en el transcurso de la Historia universal. Aunque ciertamente hay muchos que dudan de su veracidad, tarde o temprano se ven obligados a aceptar sin mayores consecuencias las innumerables pruebas y evidencias arqueológicas que corroboran el relato bíblico.

Una de estas fascinantes historias es la del pequeño rey Josías, el cual comenzó a reinar desde la temprana edad de ocho años en Jerusalén, alcanzando a reinar por un total de treinta y un años sobre el pueblo. Sin embargo, el hecho de que contara con una corta edad no lo privó de efectuar grandes reformas en su tiempo, como por ejemplo el hecho de que “limpió” a Judá y a Jerusalén y a los lugares altos de todas las imágenes y esculturas idolátricas que habían adorado en los reinados anteriores los apóstatas hijos de Israel.

Asimismo ordenó que se recolectara ofrenda para la reconstrucción del Templo, el cual había quedado muy deteriorado, y a sus diez y ocho años, la obra de reconstrucción se dio por comenzada la obra, contratando a los mejores albañiles y arquitectos los cuales hacían con fidelidad su obra.

Un punto muy importante es el hecho de que en medio de todas estas reformas que el juvenil rey Josías emprendió durante los comienzos de su reinado, se dejó dirigir siempre por la mano de Dios. Esto lo comprobamos al leer en 2 Crónicas 34:14-18:

14 Y al sacar el dinero que había sido traído a la casa de Jehová, el sacerdote Hilcías halló el libro de la ley de Jehová dada por medio de Moisés.

15 Y dando cuenta Hilcías, dijo al escriba Safán: Yo he hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. Y dio Hilcías el libro a Safán.

16 Y Safán lo llevó al rey, y le contó el asunto, diciendo: Tus siervos han cumplido todo lo que les fue encomendado.

17 Han reunido el dinero que se halló en la casa de Jehová, y lo han entregado en mano de los encargados, y en mano de los que hacen la obra.

18 Además de esto, declaró el escriba Safán al rey, diciendo: El sacerdote Hilcías me dio un libro. Y leyó Safán en él delante del rey.”

El hecho de haber hallado el libro de la Ley de Jehová es un detalle por demás importante y nos demuestra con claridad la necesidad y la importancia que el rey le dio al asunto. Si continuamos la lectura notaremos que el rasgó sus vestiduras y designó a los más altos dignatarios de su corte como los elegidos para ir y consultar a la profeta de Dios con respecto a qué hacer con los estatutos y ordenanzas que Dios les había mandado, (2 Crónicas 34:22).

Sin embargo lo más importante de todo es que en lugar de pensar que este libro de la Ley era anticuado, o que trataba de conceptos antiguos, o quizás que ya habían cambiado los tiempos, o podríamos añadir que quizás ya la Ley había sido abolida, etc…el rey Josías buscó la manera de obedecerlo ya que constituía la Ley de Dios, la cual por descuido y por desdén había sido olvidada por los hijos de Israel por tanto tiempo.

Si lugar a dudas es una actitud digna de admirar e incluso de aplaudir. Es un hecho que en nuestros días muchos aducen las mismas excusas que bien pudo haber usado el rey Josías para así librarse de los requerimientos de la justa y perfecta ley de Dios, “Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad. “ (Santiago 2:12).

Muchos tienden a confundir en nuestros días la Ley de Dios con una ley opresiva y abusiva, y que nos mantiene en esclavitud y que ya Cristo nos libertó. Sin embargo, previendo esto Jesús mismo nos dejó dicho en su Sermón del Monte:

17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.

18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley”

(Mateo 5:17-18)

Y más aún cuando leemos que esta Ley es su Ley de amor la cual nos da la plena libertad, y que es totalmente contraria a los razonamientos de “los hombres”, sin importar si son estos líderes, pastores, obispos, Papas, ancianos, ministros no importa. Si lo que cualquiera de estos “siervos de Dios” estuviere en alguna vez en conflicto con las Sagradas Escrituras debemos rechazarlo. Tal y como el mismo apóstol Pablo nos alertó en su epístola a los Gálatas:

Más si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.” (Gálatas 1:8)

Quiera Dios que así como el rey Josías, sin importar su corta edad, sin importar que lo que dijeran los que “tenían más experiencia” estuviera contrario a lo que decía el libro de la Ley, sin importar cuán dura fuera la oposición, le fue fiel a Dios, así también nosotros podamos guardar su Ley y sus estatutos, para así estar firmes y preparados para cuando seamos llamados a dar cuenta ante el justo tribunal de Dios.

“Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.”

(Eclesiastés 12:14)