Sumamente beneficioso tocar un instrumento
lunes, 21 de diciembre de 2009Practicar de forma habitual mejora las habilidades del lenguaje, la memoria, la conducta o la inteligencia espacial.
La música es un creciente campo de investigación en la manera de entender los procesos mentales implicados en el comportamiento. Una investigación reciente asegura que la práctica musical se asocia con la plasticidad estructural y funcional del cerebro que, a su vez, confirma que éste puede ser modelado a través de la experiencia. Por este motivo, cada vez más especialistas recomiendan una formación musical para mejorar las habilidades lectoras y de escritura, sobre todo, en niños con dislexia.
Durante la última década se ha generalizado la investigación con músicos profesionales para el estudio de la plasticidad del cerebro. El motivo parece claro: para lograr una gran velocidad en los dedos, un músico necesita un gran entrenamiento mental. Un estudio realizado hace varios años ya concluía que un buen pianista o violinista pueden llegar a practicar 7.500 horas antes de cumplir 18 años. Los trabajos elaborados con este grupo parecen verificar los beneficios que experimenta la fisiología cerebral cuando se aprende a tocar un instrumento. Lutz Jäncke, profesor del Instituto Tecnológico de Zúrich (Suiza), ha recogido la mayor parte de los estudios realizados en la página web "Faculty of 1000", donde más de 2.000 científicos relevantes opinan sobre la investigación científica principal.
Mejorar la inteligencia
Jäncke propone la música como terapia neuropsicológica, ya que mejora, sin duda, las habilidades del lenguaje, la memoria, la conducta o la inteligencia espacial (capacidad para percibir de forma detallada el mundo y formar imágenes mentales de los objetos). Esta última es fundamental para los pensamientos de la vida cotidiana, desde solucionar problemas matemáticos complejos hasta envolver el almuerzo diario.
La mejor edad para iniciarse en el estudio musical es a partir de los cinco años
Un estudio llevado a cabo con niños de seis años, a quienes se enseñó a tocar un instrumento durante 15 meses seguidos, demostró que, al final del entrenamiento musical, todos los menores experimentaron cambios en su anatomía cerebral. Las áreas usadas para procesar la música resultaron ser mayores y más activas. Publicado recientemente en la revista "Journal of Neuroscience", es el primer estudio que se realiza sobre esta temática.
Las regiones afectadas empiezan a cambiar, incluso, a los pocos meses de iniciar el entrenamiento musical. Otra investigación canadiense de la Universidad McMaster, elaborada en 2006, señalaba que los cambios se comienzan a detectar a partir de los cuatro meses de enseñanza.
Terapia musical
Las regiones del cerebro implicadas en el procesamiento de la música también son necesarias para otras tareas, como la memoria o habilidades del lenguaje. Por tanto, "si la música tiene una fuerte influencia en la plasticidad del cerebro, es posible que este mismo efecto pueda utilizarse para mejorar el rendimiento cognitivo", asegura Jäncke. Por este motivo, propone aprender a tocar un instrumento como terapia neurocognitiva. Uno de los estudios más importantes en este sentido lo realizó Teppo Sarkamo, neurólogo de la universidad de Helsinki, en 2008.
En él, intentó examinar si escuchar música a diario aumentaba las probabilidades de recuperar las funciones neurocognitivas y del estado de ánimo tras un accidente cerebrovascular (ictus). Los resultados mostraron una mejora significativa en la recuperación de la memoria verbal y de la capacidad de atención. También hubo una mejora sustancial del estado de ánimo. Según Jäncke, la música puede utilizarse como una herramienta no invasiva para terapias neurológicas. La formación musical, además, podría mejorar las habilidades lectoras y de escritura, más si se utiliza con niños disléxicos.
Todo ventajas
Además de los beneficios fisiológicos citados, la práctica de tocar mejora el estado anímico de los niños y su relación con los demás. Carolyn Phillips, directora ejecutiva de la Joven Sinfónica de Norwalk es autora de "Twelve Benefits of Music Education", donde enumera las ventajas globales de la música. En el terreno individual, tocar un instrumento convierte a quien lo hace en una persona metódica que cuida los detalles (de lo contrario, no suena bien), planifica bien las tareas y tiene mucha capacidad de atención. Esta conducta puede trasladarse a la labor propia del estudiante, a quien se exige calidad y resultados.
La música es un medio de expresión, y una consecuencia de ello es una buena autoestima. Enseña a los jóvenes a vencer el miedo y asumir riesgos, aporta seguridad y autoconfianza. Si se forma parte de una orquesta o grupo, la práctica mejora el trabajo en equipo (para lograr un objetivo único) y la disciplina: para que una orquesta suene bien, el conjunto debe trabajar en armonía. Favorece el compromiso para aprender, asistir a los ensayos y practicar en casa.
MI PRIMER INSTRUMENTO MUSICAL
Los niños atraviesan un periodo en el que la melodía y el ruido son lo mismo: un simple efecto sonoro. En este aprendizaje, cualquier instrumento de percusión es su favorito, y cualquier elemento es susceptible de ser un tambor. El psicólogo Jean Piaget asegura que en este momento el niño tiene delante un objeto de curiosidad por descubrir. Pero llega un momento en que el niño, si muestra interés por la música, querrá ir más allá. La mejor edad para iniciarse en el estudio musical, con un instrumento "de verdad", es a partir de los cinco años.
Sin embargo, no se recomienda a los padres imponer este aprendizaje y se aconseja que sea el propio niño quien escoja el instrumento que quiere aprender a tocar, si bien el piano y la flauta son los dos que menos exigen a los niños de esta edad. Si se decide contratar a un profesor, es esencial que éste tenga experiencia previa con niños muy pequeños, ya que el aprendizaje difiere al de los adultos. La enseñanza más adecuada a estas edades aprovecha la imaginación y la espontaneidad del menor, en lugar de imponer una disciplina cerrada, con el objetivo de que las clases se conviertan en una sesión de juegos con música y movimiento, no una tarea obligatoria.
Autora: NÚRIA LLAVINA RUBIO
FUENTE: http://www.consumer.es/web/es/salud/psicologia/2009/11/09/189056.php
La Gracia, ¿nos da licencia para pecar?
viernes, 4 de diciembre de 2009“¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” Romanos 6:1-2
Nadie de nosotros merecía una salvación tan grande como la que Dios nos ha dado, aun cuando éramos pecadores y no merecíamos perdón, Dios nos perdono, nos limpio de todo pecado y ahora nos ha dado una nueva vida, una vida en Cristo.
Lo triste de esto es que muchos utilizan la gracia con una licencia para pecar, pues hay quienes piensan que la Gracia de Dios permite que no estemos bajo ninguna Ley.
En Efesios 2: 8 y 9 leemos: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. Sin duda la gracia es un don de Dios, que no es que nosotros queramos o merezcamos, sino que es un regalo de Dios, que sin merecerlo se le es otorgado a todos aquellos que lo quieren aceptar.
Con la venida de Cristo y su perdón, podemos alcanzar esa Gracia que Cristo nos da, en donde todos aquellos que quieran alcanzar la gracia de Dios lo pueden lograr, tan solo con arrepentirse de corazón de sus pecados y comenzar a vivir una vida agradable a Dios.
Hoy en día la gracia de Dios es la que nos permite arrepentirnos de nuestros pecados, pues mientras haya gracia, aun es posible.
Lo triste de esto es que muchos utilizan la gracia con una licencia para pecar, pues el simple hecho de saber que aun tengo oportunidad de arrepentirme me hace concretar cosas que deberían estar ya canceladas de hace mucho tiempo. Pablo lo decía de esta forma: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Romanos 6: 1, 2).
Lo que Pablo quería decir, es que ¿Cómo es posible que vivamos aun en el pecado, cuando ya morimos a el?, y es que es igual que cuando un ladro fue encarcelado por robar, paso muchos años de su vida en esa cárcel horrible, pero luego fue perdonado, pero al regresar al pueblo, volvió a robar nuevamente, ¿Acaso no basto todo el tiempo de cárcel?, ¿Acaso era un excelente lugar para pasar muchos años de su vida?, ¿Qué era lo mínimo que se esperaba de el, al ser perdonado?, si, se esperaba que no robara mas.
Así mismo, luego de ser perdonados, se espera de nosotros que evitemos a toda costa el pecado, Jesús decía: “Vete, y no peques mas”.
Lastimosamente muchas veces podemos convertir la gracia de Dios en una desgracia, digo desgracia porque al no tener cuidado podemos aprovecharnos de ella convirtiéndola en una desgracia para nuestra vida, llevando de esta manera una vida de pecado continuo que nos puede alejar de la Gloria eterna. En Hebreos 12:15a leemos: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios”.
Es por esa razón que cada día debemos hacer lo que Pablo le dice a Timoteo que haga: “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 2:1).
Amados, no utilicemos la GRACIA de Dios como libertinaje, no te aproveches de ese regalo que Dios te dio, imaginate que alguien te regala una tarjeta de crédito, con saldo limite de $500, pero tu comienzas a gastar y a gastar y cuando sientes el crédito se sobre giro y ahora tienes una deuda de $5,000, ¿Qué hiciste con el regalo que se te obsequio?, ¿Qué clase de respuesta diste al bien que alguien te quiso hacer?, ¿Será que se merecía que te aprovecharas del regalo?, Claro que NO, no seas aprovechados, no utilices la gracia como ocasión para pecar.
No convirtamos la GRACIA de Dios en un libertinaje, al contrario, tratemos cada día de guardarnos lo más que podamos para no aprovecharnos de ella. Al contrario seamos buenos administradores de esta gracia: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10)
No conviertas la gracia en una desgracia para tu vida, no te confíes en lo que te dicen que no importa lo que hagas, que mientras estés en el periodo de la gracia no hay problema, al contrario toma muy en cuenta estos versículos bíblicos y vívelos:
“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” Tito 2: 11-14
Diez consejos para una vida mejor
jueves, 3 de diciembre de 2009
1.- Aprende a guardar silencio en los momentos de mayores turbulencias. Estate quieto. No desesperes. Espera en Dios. Mantén la calma. Si los problemas tienen solución ¿Para qué te preocupas? Y si no la tienen… ¿Para qué te preocupas?. Ocúpate. Cuando ya te hayas ocupado, deja tu problema a los pies de Cristo. Preocupándote no arreglas nada y solo consigues enfermar tu mente.
2.- Pasa tiempo con Dios todos los días, lee la Biblia, ora: habla con Él como con un amigo, aprende a amar de verdad con Él y pon en práctica el amor que Él te da.
3.- Ora por tus seres queridos. Hay un poder inmenso en la oración intercesora… y desarrolla tu capacidad de preocuparte por otros.
4.- Otorga Amor sin importar lo que recibas. El verdadero amor no busca ser correspondido. Simplemente Ama. Verás como tu vida cambia y eres mucho más feliz. Aprende a amar a los demás. Ayuda a otros y te ayudarás a ti mismo.
5.- Ten confianza porque hay esperanza. Recuerda que con Dios todo es posible, y que lo que es imposible para nosotros es posible para Él. Que la esperanza sea siempre lo último que pierdes. Sin esperanza la vida es un lugar muy triste.
6.- Perdona. Debes comprender que el perdón es la mejor medicina para tu mente. No perdonar a otros conlleva enfermedades psicológicas importantes. Envenenas tus sentimientos. No existe la mente sin el cuerpo, están unidos, por tanto lo que afecta a uno, afecta al otro. Si quieres tener salud debes aprender a perdonar.
7.- No ates a las personas: Si amas de verdad déjalo libre, si vuelve es tuyo, si no vuelve, nunca lo fue.
8.- Evita juzgar a los demás. Jesús dijo: No juzgues y no serás juzgado. Los indios americanos dicen que antes de opinar sobre otra persona deberías andar tres lunas en sus mocasines. Seguro que cambiaría tu punto de vista.
9.- Enfoca tu atención sobre las cosas que más te agradan. Aprende a disfrutar de las cosas sencillas de la vida. Lo más valioso de este mundo no tiene precio, no se puede comprar con dinero una puesta de sol, un abrazo o un beso.
10.- Habla siempre en positivo y será positivo. Acostúmbrate a sonreír y la vida te sonreirá. El mundo sería un lugar mucho mas agradable si todos mostraran cariño en una sonrisa. ¿No crees?
LOS TÉRMINOS DE NUESTRA SALVACIÓN
miércoles, 2 de diciembre de 2009"Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido." (Juan 16: 23, úp, 24)
Los discípulos de Cristo, que lo acompañaron diariamente, no comprendieron su misión. Lo amaban como a su gran Maestro, pero sus mentes estaban anubladas de modo que no siempre discernían su carácter divino. No conocían sus recursos ilimitados y su poder. Aunque habían presenciado sus milagros, no discernieron su relación con el Padre. Justamente antes de su muerte, les dijo: "Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre". Con palabras sencillas, Jesús les explicó que el secreto de su éxito estaría en pedirle fortaleza y gracia al Padre en su nombre. El estaría ante la presencia del Padre para solicitar en su nombre...
Necesitamos conocer mejor los términos de los cuales depende nuestra salvación, y comprender mejor la relación que Cristo tiene con nosotros y con el Padre. El ha prometido honrar el nombre de su Hijo cuando lo pronunciemos ante el trono de la gracia. Deberíamos considerar el gran sacrificio que se realizó por nosotros para conseguirnos el manto de la justicia, tejido en el telar del cielo. Nos ha invitado a la fiesta de boda, y ha provisto un traje para cada uno. El ropaje de la justicia ha sido comprado a un costo infinito; y cuán atrevido es el insulto que asciende al cielo cuando alguien se presenta a sí mismo como candidato a la fiesta de boda llevando su traje de justicia propia. ¡Cómo deshonra a Dios, mostrando abiertamente su desprecio por el sacrificio realizado en el Calvario!...
Nadie probará de la cena de las bodas del Cordero, si no tiene el traje de boda. Pero Juan escribió:
"El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles"
"Por nada estéis afanosos..."
jueves, 26 de noviembre de 2009
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4: 6, 7).
El Redentor del mundo decidió ofrecerle a sus atribulados discípulos el más poderoso de los consuelos. De una extensa gama de posibilidades, escogió el tema del Espíritu Santo para que inspirara y vivificara sus corazones. Sin embargo, aunque Cristo hizo mucho para darlo a conocer, ¡cuán poco habita en medio de las iglesias! Aunque la divina influencia es esencial para la obra del perfeccionamiento del carácter cristiano, muchas veces son ignorados el nombre y la presencia del Espíritu Santo.
Algunos no están en paz. No tienen descanso. Están en un estado de irritación permanente, permiten que los dominen sus impulsos y pasiones. Nada saben acerca de experimentar la paz y el descanso en Cristo. Al no tener ancla, son como un barco azotado y arrastrado por el viento. En cambio, los que permiten que el Espíritu Santo gobierne sus mentes, proceden con mansedumbre y humildad. Por obrar en cooperación con Cristo serán guardados en completa paz. Los que no se dejan guiar por el Espíritu Santo son como las agitadas aguas del océano.
El Señor nos ha dado la debida orientación para que podamos conocer su voluntad. Los que tienen su mente centrada en el yo, son autosuficientes. Piensan que no necesitan estudiar la Biblia, y se sienten muy perturbados cuando otros no tienen sus mismas ideas equivocadas e idéntica visión distorsionada. En cambio, los que son guiados por el Espíritu Santo afirman el ancla detrás del velo, donde Jesús entró por nosotros. Investigan en las Escrituras con toda seriedad, y buscan la luz y el conocimiento que puedan guiarlos en medio de las perplejidades y peligros que encuentran a cada paso. Al contrario, los que son impacientes se quejan y murmuran, leen la Biblia sólo con el propósito de vindicar su propio curso de acción, mientras ignoran y pervierten el consejo de Dios. El que tiene paz es porque puso su voluntad del lado de Dios y quiere seguir la divina orientación.
Un Salvador completamente suficiente
domingo, 8 de noviembre de 2009“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más”. (Isa. 45: 22).
Muchos se esfuerzan afanosamente caminando en la angosta senda de la santidad. Para muchos la paz y el descanso de esta bienaventurada senda no les parecen más cerca hoy que en los años pasados. Miran allá a la distancia, lo que está cerca; convierten en complicado lo que es muy sencillo. El es "el camino, y la verdad, y la vida" (Juan 14: 6). El plan de la salvación ha sido claramente revelado en la Palabra de Dios; pero la sabiduría del mundo ha sido demasiado buscada y demasiado poco la sabiduría de la justicia de Cristo. Y algunas almas que podrían haber descansado en el amor de Jesús, han quedado dudando de muchas cosas y turbadas por ellas...
Estamos heridos y contaminados por el pecado; ¿qué haremos para ser curados de su lepra?... En el desierto, cuando el Señor permitió que las serpientes venenosas hirieran a los rebeldes israelitas, se ordenó a Moisés que erigiera una serpiente de bronce, y se dispuso que todos los heridos la miraran y vivieran. Pero muchos no buscaron la ayuda del remedio establecido por el cielo...
Si comprendemos cuáles son nuestras necesidades, no dediquemos todas nuestras facultades a pensar en ellas y a lamentarlas, sino mirar y vivir. Jesús es nuestro único Salvador; y , sin embargo, millones que necesitan ser curados, rechazan la misericordia que les ofrece . . Satanás nos sugiere que somos desvalidos y no podemos bendecirnos a nosotros mismos. Es verdad; somos desvalidos. Pero levantad a Jesús delante de él: "Tengo un Salvador. En él confío, y nunca permitirá que quede confundido. En su nombre triunfo. Es mi justicia y mi corona de regocijo" ...
Quizás nos parezca que somos pecadores perdidos; pero precisamente por eso necesitamos un Salvador. Si tenemos pecados que confesar, no perdamos tiempo. Estos momentos son de oro... ¡Precioso Salvador! Sus brazos están abiertos para recibimos y su gran corazón de amor espera para bendecirnos.
Se necesitan Elías hoy
lunes, 2 de noviembre de 2009Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron. (1 Rey. 19: 18).Elías había pensado que él era el único que adoraba al verdadero Dios en Israel; pero el que lee en todos los corazones reveló al profeta que eran muchos los que a través de los largos años de apostasía le habían permanecido fieles. . .
Son muchas las lecciones que se pueden sacar de lo que experimentó Elías durante aquellos días de desaliento y derrota aparente, y son lecciones inestimables para los siervos de Dios en esta época, que se distingue por una desviación general de lo correcto. La apostasía que prevalece hoy es similar a la que se extendió en Israel en tiempos del profeta. Multitudes siguen hoy a Baal al exaltar lo humano sobre lo divino, al alabar a los dirigentes populares, al rendir culto a Mamón y al colocar las enseñanzas de la ciencia sobre las verdades de la revelación.
La duda y la incredulidad están ejerciendo su influencia nefasta sobre las mentes y los corazones, y muchos están reemplazando los oráculos de Dios por las teorías de los hombres. Se enseña públicamente que hemos llegado a un tiempo en que la razón humana debe ser exaltada sobre las enseñanzas de la Palabra. La ley de Dios, divina norma de la justicia, se declara anulada. El enemigo de toda verdad está obrando con poder engañoso para inducir a hombres y mujeres a poner las instituciones humanas donde Dios debiera estar, y a olvidar lo que fue ordenado para la felicidad y salvación de la humanidad.
Sin embargo, esta apostasía, por extensa que haya llegado a ser, no es universal. No todos los habitantes del mundo son inicuos y pecaminosos. No todos se han decidido en favor del enemigo. Dios tiene a muchos. . . que esperan contra toda esperanza que Jesús vendrá pronto para acabar con el reinado del pecado y de la muerte. . . Los tales necesitan la ayuda personal de quienes han aprendido a conocer a Dios y el poder de su Palabra. . . Mientras los que comprenden la verdad bíblica procuren descubrir a los hombres y mujeres que anhelan luz, los ángeles de Dios los acompañarán. . . Muchos cesarán de tributar homenaje a las instituciones humanas, y se pondrán intrépidamente de parte de Dios y de su ley
La Biblia: ¿Por qué es única?
lunes, 26 de octubre de 2009¡La Biblia! No hay otro libro en la historia que haya sido tan amado como injuriado. Millones han arriesgado sus vidas y esperanza por sus promesas y muchos se han pasado la vida atacando su credibilidad. Para muchos ella da respuestas vitales a preguntas sobre la vida y la muerte, el presente y el futuro, el pecado y la salvación. Para otros, no es nada más que un libro de mitos y fábulas.
Fuera de lo que sus admiradores y críticos podrían decir, un hecho se mantiene al margen de toda discusión: la Biblia es un libro único en historicidad, origen, monoteísmo, profecías y enfoque redentor. Otros libros pueden contener conceptos similares y proclamar principios morales elevados, pero la Biblia es diferente a todos los demás en multitud de aspectos.
Unica en historicidad
La historicidad es una de las características distintivas de las Escrituras. Mientras otra literatura religiosa contiene muchos mitos y leyendas, la Biblia presenta la narración histórica en forma directa.1 Los críticos pueden alegar que mucho material de la Biblia es mitológico y que su narrativa está plagada de errores históricos, pero los hechos contradicen tales afirmaciones. Descubrimientos arqueológicos de los dos últimos siglos han resaltado la naturaleza histórica de las Escrituras de muchas maneras. La arqueología no prueba que la Biblia es la Palabra de Dios, pero ciertamente ha iluminado y provisto en ocasiones la adecuada verificación, necesaria para el registro histórico de las Escrituras.2 Respondiendo a acusaciones de que la historia bíblica combina presunciones con errores, Donald Wiseman, un respetado profesor de asiriología, ha argüido con acierto que la evidencia arqueológica ha eliminado en su mayor parte aquellos “supuestos errores”. Ciertamente, “la mayoría de los errores pueden ser atribuidos a errores de interpretación de catedráticos modernos y no llegan a substanciar ‘errores’ de hecho presentados por los historiadores bíblicos. Esta perspectiva es más adelante confirmada cuando se recuerda cómo muchas teorías e interpretaciones de la Escritura han sido corroboradas o corregidas por descubrimientos arqueológicos”.3
Unica en su origen
Otra peculiaridad de la Biblia es la de su origen distintivo. ¿Por qué es el Antiguo Testamento tan diferente a cualquier otra literatura antigua contemporánea? Un salmo provee la respuesta: “Ha manifestado sus palabras a Jacob, sus estatutos y sus juicios a Israel. No ha hecho así con ninguna otra de las naciones; y en cuanto a sus juicios, no los conocieron” (Salmo 147:19-20). Israel estaba plenamente consciente del hecho de que Jehová, el creador de los cielos y la tierra, se había revelado a sí mismo a Abrahán y sus descendientes como no lo había hecho con otras naciones. El apóstol Pablo, quien habiéndose educado dentro del judaísmo llegó a ser el primero de los apóstoles del Evangelio, está de acuerdo con la reivindicación del salmista por la que Dios da especial revelación a Israel. “…que les ha sido confiada”, dice, “la palabra de Dios” (Romanos 3:1 y 2). “La Palabra de Dios” quiere decir lo mismo que “las Sagradas Escrituras” (2 Timoteo 3:15). Ninguna otra nación o grupo étnico, tales com los babilonios, egipcios, griegos o romanos, produjeron alguna vez una colección de escritos como la Biblia. Esas naciones dejaron un legado de historia, literatura, poesía y drama, pero ninguna ha dejado nada similar a la ‘Scriptura’ hebrea que sea tan coherente, contando con un cuerpo unificado de escritos que cubren historia, biografía y ética; y un sistema religioso que abarque un período de más de mil años, escrito por muchos y muy diferentes autores. Su peculiaridad reside en la fuente de la cual el Antiguo Testamento emergió: la divina revelación exclusiva dada a Israel.
Desde luego, hubo un propósito divino detrás de esta revelación. La intención de Dios era que los israelitas, como receptores privilegiados de la revelación de Jehová, compartirían su conocimiento de Dios con otras naciones. Desde el comienzo Dios estableció su propósito, a saber, que en Abrahán y sus descendientes “todas las familias de la tierra” fueran benditas (Génesis 12:3; 22:18). El plan de Dios era que las Sagradas Escrituras, originalmente confiadas a los judíos, se volvieran eventualmente la herencia común de “toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Apocalipsis 14: 6). Las Escrituras no fueron dadas solamente a Israel, sino que por medio de Israel llegaran a toda la familia humana.
Unica en monoteísmo
El monoteísmo es otra característica única que separa a la Escritura hebrea de toda otra literatura religiosa de los tiempos antiguos. Otras naciones fueron politeístas, y mucha de su literatura sacra está constituida por mitos relacionados con dioses y diosas multitudinarios. Por contraste, el Antiguo Testamento habla sobre Jehová como el único y verdadero Dios y no admite otro: “¡Oye, oh Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es! Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:4 y 5). Esta confesión de Jehová como el único Dios, el Dios viviente, el creador del cielo y la tierra fue el fundamento de la religión de Israel.
Es verdad que a través de los siglos muchos israelitas sucumbieron a la atracción del politeísmo. Pero de manera consistente los profetas los llamaron a volver a la fe en el único Dios. Eventualmente, el monoteísmo prevaleció en Israel. A pesar del desinterés de los críticos modernos, la Biblia, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamentos, reconocen a un solo Dios. Este monoteísmo único de la Biblia, no es ni el resultado de genios humanos ni el producto final de un proceso evolutivo en la historia de la religión de Israel, sino que es “el discernimiento inspirado revelado por Dios a su pueblo”4. Sin esta revelación especial, Israel habría seguido el camino de todas las otras naciones antiguas. No habría habido Sagradas Escrituras con el retrato distintivo del supremo y soberano Dios.
Unica en predicciones proféticas
Las predicciones proféticas constituyen otra evidencia de la unicidad de la Biblia. Otras naciones han tenido profetas, pero ellos nunca hicieron predicciones que cubrieran cientos de años sobre el futuro y se cumplieran. Por ejemplo, la profecía de Daniel 2, describiendo la marcha de la historia desde Babilonia a través de Media y Persia, Grecia, Roma, las naciones divididas de Europa y el establecimiento del reino de Dios, no encuentra paralelo en cualquier otro relato literario. Tal predicción profética está más allá de toda sabiduría o previsión humanas. Daniel mismo reconoció la fuente divina de la profecía cuando se lo explicó directamente al rey Nabucodonosor: “Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber. . . qué ha de acontecer en los postreros días” (Daniel 2:28).
La predicción profética se toma en las Sagradas Escrituras como un serio indicador de la naturaleza del verdadero Dios, que se advierte en el desafío que Jehová lanzó: “Dadnos pruebas de lo que ha de ser después, para que sepamos que vosotros sois dioses” (Isaías 41:23). El verdadero Dios puede revelar el futuro y sólo en la Biblia encontramos predicciones proféticas que han sido cumplidas exactamente luego de períodos prolongados de tiempo. Esto ofrece poderosas evidencias de que la Biblia es la Palabra de Dios de una manera única.
Los críticos, por supuesto, menosprecian el carácter distintivo de las revelaciones proféticas aduciendo que ellas no son más que historia escrita posteriormente al cumplimiento de los hechos. Para sustanciar o respaldar tales pretensiones, a menudo distorsionan la evidencia despiadadamente. Por ejemplo, ellos señalan que las profecías de Daniel, incluyendo el capítulo dos, fueron escritas en el segundo siglo d.C. por un autor desconocido, y no por el profeta Daniel en el siglo VI a.C. No obstante, aún esto no alcanzaría a explicar cómo ese escritor desconocido pudo prever que el cuarto imperio, Roma, sería el más poderoso de los cuatro imperios y que éste sería seguido por otro dividido, en condiciones que se mantendrían por más de mil quinientos años. Así, contrariando la clara evidencia de la historia y la propia del libro de Daniel, el cuarto reino, según dicen, se refiere a Grecia en lugar de Roma, haciendo que la profecía de Daniel 2, como otras predicciones proféticas de ese libro, tengan que ver con eventos ya ocurridos o a punto de producirse en el tiempo en que fueron descriptos. Pero hay evidencias arqueológicas, históricas, y lingüísticas que favorecen firmemente la fecha del siglo VI a.C. para el libro de Daniel, lo cual lleva a la conclusión que las predicciones de Daniel 2 todavía continúan siendo testigos del hecho de que Dios es el verdadero autor.
Unica en su enfoque redentor
Sin embargo, las predicciones proféticas de la Biblia nunca han intentado gratificar la curiosidad humana. Ellas fueron dadas para revelar el verdadero carácter y propósito de Dios: salvar a la humanidad del pecado. Este plan divino para la redención de la raza humana fue desplegado progresivamente durante cientos de años. Primero, por la anticipación provista por medio de las revelaciones dadas a los patriarcas y a los profetas, y luego, en la encarnación del Hijo de Dios. Más que cualquier otra cosa, es el enfoque redentor el que caracteriza la unicidad de la Biblia, tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamentos, como la Palabra de Dios. Desde la primera promesa de redención en Génesis 3:15, hasta la seguridad final de la gracia de Jesucristo en Apocalipsis 22:21, la Biblia constituye una única y coherente revelación de Dios en búsqueda de los seres humanos perdidos.
La promesa del Antiguo Testamento y su cumplimiento en la encarnación, vida, muerte, resurrección y exaltación de Jesús de Nazareth como se registra en el Nuevo Testamento, provee suprema evidencia de que estos escritos son en verdad divinos. Acertadamente Pablo exalta la redentora unicidad de la Palabra de Dios: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16 y 17).
Jesús mismo frecuentemente apelaba al Antiguo Testamento para mostrar que su ministerio, muerte y resurrección, daban cumplimiento a esas promesas y profecías. Pero muchos de los dirigentes judíos rechazaron las reivindicaciones de Jesús y su interpretación de las Escrituras. El les dijo a los dirigentes en términos bien claros: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida . . . No penséis que voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” (Juan 5:39, 40, 45-47) ¿No son estas mismas palabras aplicables hoy a muchos catedráticos cristianos, quienes mientras pretenden desarrollar una exégesis de la Biblia de rigor científico, neutralizan el significado obvio de las profecías en el Antiguo Testamento y frecuentemente atribuyen sus interpretaciones y aplicaciones en el Nuevo Testamento a la prejuiciada o mal informada comprensión de la iglesia primitiva?
Si nosotros creemos que Cristo es el que pretende ser: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6), entonces nosotros tenemos, como él, que aceptar las Escrituras como “la Palabra de Dios” (Marcos 7:13), como la Santa Escritura, la cual “no puede ser quebrantada” (Juan 10:35). No hay evidencia de que Jesús haya citado alguna otra fuente fuera de las Escrituras. En su conflicto con la tentación de Satanás en el desierto la Escritura fue su única arma. El dijo: “Escrito está: no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).
Unica para mí
Yo me crié en un hogar secular. No teníamos oración, ni lectura de la Biblia, ni devoción alguna. A los diecinueve años dejé mi hogar para estudiar leyes en la Universidad de Groningen, Holanda, mi tierra natal. No comprendía el propósito de mi existencia y buscaba afanosamente el sentido de la vida. Por la lectura de la Biblia llegué a creer que ella tenía las respuestas para mi búsqueda. Acepté a Jesucristo como mi Salvador y Señor. Renuncié a estudiar leyes y me preparé para ser pastor. Trabajé durante diez años como misionero y luego regresé para realizar estudios teológicos superiores.
En el seminario teológico me confrontaron una miríada de preguntas críticas sobre la Biblia. ¿Escribió Moisés realmente los libros que se le atribuyen? ¿Fue David el autor de todos los salmos que van bajo su nombre? ¿Fue el libro de Isaías escrito por tres o más personas desconocidas en lugar del profeta Isaías? ¿Se originó el libro de Daniel en el segundo siglo a.C. en lugar del sexto? ¿Fueron las narraciones del libro de Génesis mitos antes que relatos históricos? ¿Fueron los cuatro evangelios invenciones plagadas de contradicciones y faltas a la verdad? Mi confianza en la Biblia como revelación divina vaciló. Comencé a preguntarme si la Biblia realmente era lo que había creído que era cuando me convertí catorce años antes. Me di cuenta que si perdía mi confianza en la Biblia podía perder mi fe en Cristo, tarde o temprano, porque era por las Escrituras que él se me había revelado a sí mismo y me había hablado continuamente por medio de ellas.
Después de mucha oración y estudio, decidí que iba a mantenerme apegado a Cristo y a su Palabra, aunque yo no podía contestar todas las preguntas críticas en aquel momento. Ahora, cerca de treinta años más tarde, plenos de estudio y oración, muchas preguntas han sido contestadas y otras permanecen sin resolver. Sin embargo, tengo la confianza de que un día Dios me proveerá las respuestas, sea en esta vida o en el mundo por venir. A través de los años, mientras estudio cuanta evidencia puedo hallar, continúo cultivando mi relación personal con mi amante y compasivo Salvador y estoy más convencido que nunca de que la Biblia es verdaderamente la Palabra de Dios. No hay otro libro que califique para ese título.
El autor de este relato es actualmente dirigente de Iglesia en Norteamérica.
El Ideal Para Toda La Humanidad
domingo, 20 de septiembre de 2009
"Y Jesus crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres." (Luc. 2: 52)
Cristo vivió una vida de intenso trabajo desde sus más tiernos años. En su juventud, trabajó con su padre en el oficio de carpintero y así honró toda labor. Aunque era el Rey de toda la gloria, al seguir un humilde oficio, reprochó la ociosidad en cada miembro de la familia humana, y significó toda labor como noble... Desde la niñez fue un modelo de obediencia y laboriosidad. Era como un agradable rayo de sol en el círculo familiar. Fiel y alegremente cumplió con su parte en los humildes deberes...
Aunque su sabiduría había asombrado a los doctores, humildemente se sometió a sus guardianes humanos... El conocimiento que adquiría diariamente en su admirable misión no lo descalificó para realizar los más humildes deberes. Alegremente emprendía el trabajo que incumbe a los jóvenes que moran en hogares apremiados por la pobreza. Comprendía las tentaciones de los niños, pues soportaba sus pesares y pruebas... Aunque tentado al mal, rehusaba apartarse en un solo momento de la más estricta verdad y rectitud.
Cristo es el ideal para toda la humanidad. Ha dejado un perfecto ejemplo para la niñez, la juventud y la edad madura. Vino a esta tierra y pasó por las diferentes fases de la vida humana. Hablaba y actuaba como otros niños y jóvenes, con la excepción de que no cometió faltas...
Jesús recibió su educación en el santuario del hogar, no meramente de sus padres, sino de su Padre celestial. Al crecer, Dios le explicó más y más la gran obra que había delante de él. Pero a pesar de su conocimiento de esto, no se dio aires de superioridad. Nunca causó pena o ansiedad a sus padres... Se gozaba honrándolos y obedeciéndoles. Aunque no ignoraba su gran misión, consultaba los deseos de ellos y se sometía a su autoridad.
Jesucristo: ¿Mito o historia?
viernes, 18 de septiembre de 2009
Hay quienes se preguntan si el Jesús de la fe es el mismo Jesús de la historia. Tal vez, sugieren otros, Jesús es un mito o acaso una invención motivada por la fe. ¿Será que debemos rechazar al Jesús histórico como una leyenda inventada por los cristianos?
Durante los primeros siglos de la era cristiana, no se dudaba que Jesús fuera un personaje real e histórico. Tanto los creyentes como los incrédulos aceptaban que Jesús había vivido y muerto en Palestina. A principios del siglo V, San Agustín preparó una Armonía de los Evangelios para defender a los autores de los Evangelios de la acusación de “total falta de veracidad”. Al mismo tiempo, admitió que el orden de los acontecimientos narrados y los discursos registrados podrían haber sido reconstruidos. Aun así, para Agustín el Jesús de la historia y el de la fe eran básicamente la misma persona.
La búsqueda del Jesús histórico
La así llamada “búsqueda del Jesús histórico” comenzó en serio con Hermann Reimarus (1694-1768), quien se propuso encontrar al Jesús que había existido antes de que la iglesia lo recubriera y ocultara con dogmas. Reimarus llegó a acusar a los discípulos de inventar los milagros y la resurrección para no tener que volver a dedicarse a la pesca. Sus escritos causaron consternación entre los creyentes e interés entre los investigadores.
En el siglo XIX, F. J. Baur (1792-1860), usando como método la crítica histórica, llegó a la conclusión de que “la posición que tomemos acerca de la resurrección tiene poca importancia para la historia”. Lo que sí importaba era que los apóstoles creían que la resurrección había ocurrido.
Albert Schweitzer, quizás mejor conocido por sus 40 años de obra médica en África y su premio Nobel de la Paz en 1952, opinó sobre el tema en su libro La búsqueda del Jesús histórico, publicado en inglés en 1910. Allí Schweitzer criticó a los eruditos que, a su juicio, habían convertido a Jesús en una “figura diseñada por el racionalismo, dotada de vida por el liberalismo y vestida por la teología moderna con un manto histórico”. A pesar de su creencia personal en Jesús, Schweitzer concluyó que ya no existía fundamento histórico para el cristianismo. Para él lo importante no era “Jesús como se lo conoce en la historia, sino Jesús resucitado espiritualmente dentro de los hombres”.
En el siglo XX, Rudolf Bultmann (1883-1976), que había sido educado en el liberalismo y el escepticismo, afirmó que “no podemos saber casi nada acerca de la vida y la personalidad de Jesús, ya que las primeras fuentes cristianas no muestran interés en ninguna de las dos y son, además, fragmentarias y con frecuencia legendarias”. Para Bultmann, los milagros de Jesús eran “leyendas”; sus dichos, “típicos” pero no auténticos. La iglesia, y no Jesús, le había dado significado a su muerte.
Siguiendo la dirección de Bultmann, el “Seminario sobre Jesús”, un grupo de 74 estudiosos, la mayoría de ellos profesores en universidades norteamericanas, se reunió durante varios años, a partir de 1985, a fin de preparar una versión erudita de los cuatro Evangelios canónicos y el apócrifo Evangelio de Tomás. Estudiaron 1.500 dichos de Jesús, y votaron luego sobre la supuesta autenticidad de cada uno. Su veredicto fue que el “ochenta y dos por ciento de las palabras atribuidas a Jesús en los Evangelios no fueron pronunciadas por él”. En cuanto a los milagros, su posición era similar a la de Bultmann: “El Cristo del credo y del dogma…ya no puede ser aceptado por quienes han visto los cielos a través del telescopio de Galileo”. El co-fundador del seminario, John Dominic Crossan, afirmó que Jesús “no curó enfermedades ni era capaz de hacerlo” y que nadie puede “traer a los muertos de vuelta a la vida”. El relato de la resurrección de Cristo incluye más “trances y visiones” que realidad. Crossan señaló que la historia de la resurrección dice más acerca del origen de la autoridad cristiana que del origen de la fe cristiana. Para Marcus Borg, participante en el seminario, “la historia del Jesús histórico concluye con su muerte un viernes del año 30 d.C.”. Sin embargo, acepta que el Señor se apareció a sus seguidores “en una forma nueva a partir del domingo de Pascua” y que desde entonces lo experimentaron como “una realidad viviente”.
¿En qué se ha basado esta “búsqueda”? En buena medida, en el racionalismo, el naturalismo y la crítica, que pasaron de la filosofía a la teología a partir del siglo XVII. Una importante presuposición racionalista —que no existen milagros— llevó a los que estuvieron involucrados en esta “búsqueda” a concluir que buena parte de lo que se lee en los Evangelios es ficción.
¿Puede una teología fundamentada en tal posición ser aceptable para quienes creen en la veracidad de la Biblia? Evidentemente, no. Existe suficiente evidencia para que el creyente afirme la historicidad de Jesús y la veracidad de los Evangelios. La evidencia presentada en este artículo incluye referencias literarias, bíblicas y arqueológicas.
Referencias a Jesús en documentos no cristianos
Fuentes literarias judías
Josefo, el historiador judío (aproximadamente del año 37 al 100), se refiere a Jesús dos veces en sus Antigüedades de los judíos. La primera mención es tangencial a su presentación de las actividades del sumo sacerdote Anano, en torno al año 62. Afirma que Anano “reunió al sanedrín de los jueces y presentó delante de ellos al hermano de Jesús, llamado el Cristo, cuyo nombre era Santiago, y a algunos otros, y cuando hubo formulado una acusación contra ellos como quebrantadores de la ley, los entregó para ser apedreados”. El pasaje muestra un punto de vista no cristiano al decir que era “llamado” Cristo. Si el autor hubiese sido cristiano, habría designado a Santiago como “hermano del Señor”.
En las mismas Antigüedades (libro 18) aparece el debatido “Testimonium Flavianum” en un pasaje que describe a Pilato, quien condena a muerte a Jesús. El libro 18 de las Antigüedades sólo se encuentra en tres manuscritos griegos, el más antiguo de los cuales es del siglo X. En la forma como aparece allí, el pasaje no parece haber sido escrito por un judío. “Vivió por este tiempo Jesús, un hombre sabio, si acaso se le puede llamar hombre; porque era hacedor de obras maravillosas, maestro de quienes reciben la verdad con placer. Atrajo a muchos judíos y también a muchos gentiles. Él era [el] Cristo. Y cuando Pilato, por indicación de los principales entre nosotros, lo condenó a la cruz, los que en un principio lo habían amado no lo abandonaron; porque apareció ante ellos de nuevo al tercer día; así como lo habían predicho los profetas divinos, junto con diez mil otras cosas maravillosas acerca de él”.
En 1971 se publicó en Israel una versión árabe del libro 18, donde se encuentra el “Testimonium Flavianum”. El texto difiere mucho de la versión griega: “En este tiempo hubo un hombre sabio llamado Jesús. Su conducta era buena y se lo conocía como virtuoso. Muchos de los judíos y de otras naciones se hicieron discípulos de él. Pilato lo condenó a morir crucificado. Pero los que se habían hecho discípulos de él no abandonaron el discipulado. Informaron que se les apareció tres días después de su crucifixión y que estaba vivo; por lo cual podría haber sido el Mesías, acerca de quien los profetas escribieron maravillas”.
Las diferencias entre las dos versiones del pasaje sugieren que la versión griega incluye añadidos cristianos. Sin embargo, no hay duda de que Josefo mencionó la crucifixión de Jesús.
El Talmud de los judíos, redactado en dos formas, en Babilonia y en Palestina, por el siglo V, contiene enormes cantidades de tradición oral comunicada de rabino a rabino. Si bien a Jesús se lo menciona en forma peyorativa en varios pasajes, nos interesa una declaración: “En vísperas de la pascua Yeshu fue colgado. Por cuarenta días antes de la ejecución, un heraldo salió y proclamó, ‘Él será apedreado porque ha practicado la hechicería y ha seducido a Israel a la apostasía. Quienquiera pueda decir algo a su favor que se adelante y lo defienda’. Pero como nada se presentó en su favor fue colgado en vísperas de la pascua”.
Este pasaje concuerda con los Evangelios en que Jesús fue ejecutado en vísperas de la pascua; sin embargo, lo de los cuarenta días es ajeno al relato bíblico. Es interesante que según la costumbre judía Jesús debía ser apedreado por seducir a Israel a la apostasía. Por otra parte fue “colgado”, posiblemente siguiendo órdenes romanas. En todo caso, Yeshu aparece como personaje histórico que tuvo un impacto marginal en la historia judía.
Fuentes literarias paganas
Una de las más antiguas menciones de Jesús en documentos paganos aparece en una carta escrita por Mara bar Sarapión. Este estoico sirio había sido encarcelado en Roma (probablemente a fines del siglo I), y le escribía a su hijo para animarlo a buscar la sabiduría. Menciona a Sócrates, Pitágoras y al “sabio rey” muerto por los judíos. Ninguno de ellos en realidad había muerto porque cada uno había dejado un legado de sabiduría. El “sabio rey” vivía “por causa de la nueva ley que ha dado”. Si bien no da el nombre del “sabio rey”, no se duda de que se refería a Jesús.
Cuando Plinio llegó a ser gobernador de Bitinia y Ponto a comienzos del siglo II, escribió a Roma pidiendo instrucciones. Uno de los asuntos que le preocupaba era qué hacer con los cristianos. En una de sus cartas menciona dos veces a Cristo. Informa que cualquiera que fuera acusado de ser cristiano podía repudiar la acusación con sólo ofrecer incienso a los dioses y al emperador y blasfemar el nombre de Cristo. También dice que el culto de los cristianos se hacía antes del amanecer e incluía la recitación de palabras dirigidas a “Cristo como a un dios”. Esta carta, escrita por el año 112 no añade gran cosa a lo que ya se sabe acerca del culto y las creencias de los cristianos. Sin embargo, corrobora la existencia de cristianos que seguían a Jesús.
El historiador romano Tácito (aproximadamente 55-117 d.C.) escribió treinta libros sobre acontecimientos transcurridos del año 14 al 96 del siglo I. Desgraciadamente, faltan los que se refieren a los años 29 al 32. Sin embargo, su narración del gran incendio de Roma (64 d.C.), del cual Nerón culpó a los cristianos, contiene referencias a los cristianos y a Cristo. “En consecuencia, para deshacerse de este informe [de que él mismo había mandado incendiar la ciudad], Nerón culpó e infligió las más horribles torturas a un grupo odiado por sus abominaciones, llamados cristianos por el pueblo. Cristo, en quien se originó ese nombre, sufrió la pena máxima durante el reinado de Tiberio, por manos de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilato”. Tácito continúa afirmando que el cristianismo era una “superstición maliciosa”, que había comenzado en Palestina y se había extendido a Roma. Su tono despectivo indica que este pasaje no fue una interpolación cristiana. Tácito aceptaba a Jesús como figura histórica.
Luciano de Samosata, escritor satírico del siglo II, se burla de los cristianos y de su fundador: “Los cristianos, bien sabéis, adoran hasta hoy a un hombre, el distinguido personaje que introdujo sus ritos novedosos y fue crucificado por ello”. Los cristianos, afirma, “adoran al sabio crucificado y viven según sus leyes”.
Evidencias bíblicas
Como creyente, encuentro razones para considerar que las fuentes bíblicas proporcionan un testimonio confiable acerca de la historicidad de Jesús. Para comenzar, hay casi total acuerdo entre los eruditos de que el Nuevo Testamento se completó antes del final del siglo I. Las tradiciones más antiguas afirman que Mateo, Marcos, Lucas y Juan fueron los autores de los Evangelios. Mateo y Juan fueron discípulos de Jesús. Marcos y Lucas estaban separados sólo por un paso de los acontecimientos que narraron. Papías de Hierápolis (comienzos del siglo II) afirma que Marcos era el “intérprete de Pedro” y que redactó el relato de los eventos que le hizo Pedro, no necesariamente en el orden en que ocurrieron, pero con la mayor precisión posible. En torno al año 185, Ireneo declaró que Lucas, apóstol junto con Pablo, había escrito un Evangelio que proporcionaba detalles de la historia de Jesús que no aparecían en los otros tres. Además, los otros libros del Nuevo Testamento dan por sentada la historicidad de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Pablo hasta menciona la existencia de testigos de estos acontecimientos (1 Corintios 15:5-8).
Las referencias a fechas y gobernantes en el Evangelio de Lucas, si bien no están totalmente libres de problemas de interpretación, proporcionan evidencia de la proximidad del autor a los hechos. El que Lucas haya usado (en 3:1-3) el estilo greco-romano de presentar su información indica claramente su intención de mostrar la historicidad de su escrito.
El papiro John Rylands (P52), encontrado en Egipto, contiene un fragmento de Juan 18. Data de comienzos del siglo II, lo que confirma que los cuatro Evangelios fueron redactados antes de fines del siglo I. El papiro Bodmer (P66), también del siglo II, conserva grandes porciones del Evangelio de Juan en forma de libro. Otros papiros de fines del siglo II o comienzos del III se suman a la evidencia de que los Evangelios, tales como los conocemos hoy, existieron desde fecha muy antigua.
Poco después del descubrimiento de los papiros Chester Beatty, Sir Frederic Kenyon afirmó en 1930: “El resultado neto de este descubrimiento…es, en efecto, la reducción del lapso entre la data de los más antiguos manuscritos y las fechas tradicionales de redacción de los libros del Nuevo Testamento, de modo que esa separación se torna insignificante en la discusión de su autenticidad. Ningún otro libro de la antigüedad goza de tan antiguo y abundante testimonio con respecto al texto y ningún erudito imparcial puede negar que el texto que hoy tenemos es esencialmente confiable”.
Ningún otro documento de la antigüedad cuenta con manuscritos que datan de fecha tan cercana a su redacción original. Por ejemplo, el más antiguo y único manuscrito de los primeros libros de los Anales de Tácito, escritos a principios del siglo II, nos viene aproximadamente del año 1100. El manuscrito más antiguo de la Ilíada de Homero es de unos 400 años después de que se escribiera esa épica. La biografía de Alejandro Magno, escrita por Plutarco y considerada por los historiadores como digna de confianza, fue escrita más de cuatro siglos después de la muerte de Alejandro. El más antiguo manuscrito de La Guerra de las Galias, es una copia del año 900, casi mil años después que Julio César redactara esa historia.
Evidencias arqueológicas
Si bien los descubrimientos arqueológicos, con la posible excepción del osario de Santiago, publicitado a fines del año 2002, no se refieren específicamente a Jesús, corroboran varios elementos de los relatos de los Evangelios. Algunas construcciones, como la sinagoga de Capernaum y el estanque de Betesda en Jerusalén, han sido excavadas e identificadas. También se han hallado y estudiado monedas que aparecen mencionadas en los Evangelios. Los huesos de un tal Yehohanan, encontrados en un osario judío, muestran los efectos de una crucifixión: un clavo de 20 cm todavía atraviesa los huesos de su tobillo.
La arqueología ha demostrado que Poncio Pilato era procurador romano en Jerusalén en tiempos de Cristo. Aún más, algunas monedas fechadas entre los años 29 y 31 llevan su nombre, junto con símbolos religiosos romanos, corroborando así los relatos de su mala voluntad para con los judíos.
Conclusión
Se desconoce la fecha exacta del nacimiento de Cristo; sin embargo, su nacimiento ha dividido la historia humana en dos: antes y después de Cristo. Si no hubiera base histórica para la vida de Jesús, eso difícilmente habría ocurrido.
Los seguidores de Jesús fueron transformados: Pedro, el cobarde, se convirtió en un valiente apóstol; Juan el amado escribió con toda convicción: “Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis” (Juan 19:35, RVR). A lo largo de los siglos, los incontables mártires se sometiron a la muerte por sus convicciones cristianas.
La iglesia cristiana, a pesar de sus defectos, ha basado su proclamación y su servicio en la realidad histórica de Jesús. El Jesús de la fe emerge del Jesús de la historia, sin el cual la fe cristiana no sería más que una ilusión.
N.W.V.
Referencias
1. Augustine, The Harmony of the Gospels 1.7, 2.12.
2. Hermann Reimarus, On the Goal of Jesus and His Disciples (Leiden: Brill, 1970), p. 41.
3. F. C. Baur, The Church History of the First Three Centuries (London: Williams y Norgate, 1878), Vol. 1, pp. 42, 43.
4. Albert Schweitzer, The Quest of the Historical Jesus (New York: Macmillan, 1959), pp. 398, 401.
5. Rudolf Bultmann, Jesus and the Word (New York: Scribners, 1958), pp. 8, 107, 108.
6. Robert W. Funk, Roy W. Hoover, y el Jesus Seminar, The Five Gospels: The Search for the Authentic Words of Jesus (New York: Macmillan, 1993), p. 5.
7. John Dominic Crossan, Jesus: A Revolutionary Biography (San Francisco: Harper San Francisco, 1994), pp. 82, 95.
8. Ibíd., p. 190.
9. Marcus J. Borg, Jesus: A New Vision: Spirit, Culture, and the Life of Discipleship (San Francisco: Harper Collins, 1987), pp. 184, 185.
10. Josephus, Jewish Antiquities 20.9.1.
11. Josephus, Jewish Antiquities 18.3.3.
12. Shlomo Pines, An Arabic Version of the Testimonium Flavianum and Its ImplicationsJesus within Judaism: New Light from Exciting Archaeological Discoveries (New York: Doubleday, 1988), p. 95. (Jerusalem: Israel Academy of Sciences and Humanities, 1971); texto tomado de James Charlesworth,
13. The Babylonian Talmud (London: Soncino, 1935), 27:281.
14. John P. Meier, A Marginal Jew (New York: Doubleday, 1991), 1:76-78.
15. Tacitus, Annals 15.44.
16. Lucian, The Death of Peregrine 11-13.
17. Citado en Eusebius, Church History 3.39.
18. Irenaeus, Against Heresies 3.14.1-3.
19. Kurt Aland y Barbara Aland, The Text of the New Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 1989), pp. 83-102.
20. Frederic Kenyon, The Bible and Modern Scholarship (London: John Murray, 1948), p. 20.
21. En el osuario se lee: “Santiago, hijo de José hermano de Jesús”. Ver Biblical Archaeology Review 28 (Noviembre-Diciembre 2002): 24-37; y 29 (Enero—Febrero 2003): 20-25.
22. James E. Strange y Hershel Shanks, “Synagogue Where Jesus Preached Found at Capernaum”, Biblical Archaeology Review 9 (Noviembre-Diciembre 1983): 24-31.
23. Gonzalo Báez-Camargo, Archaeological Commentary on the Bible (New York: Doubleday, 1984), p. 218.
24. New International Dictionary of Biblical Archaeology, s.v. “Crucifixion.”
25. D. H. Wheaton, “Pilate,” The Illustrated Bible Dictionary (Wheaton, IL: Tyndale, 1980), pp. 187, 188.
Cristo, el verbo eterno
miércoles, 26 de agosto de 2009
El el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por el fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. (Juan 1: 1-3)
Cristo, el Verbo, el Unigénito de Dios, era uno solo con el Padre eterno; uno solo en naturaleza, en carácter y propósitos; era el único ser que podía penetrar en todos los designios y fines de Dios. "Y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz" (Isa. 9: 6). "Y sus salidas son desde el Principio, desde los días del siglo" (Miq. 5: 2). Y Hijo de Dios, hablando de sí mismo, declara: "Jehová me poseía en el principio de su camino, ya de antiguo, antes de sus obras. Eternalmente tuve el principado... Cuando establecía los fundamentos de la tierra; con él estaba yo ordenándolo todo; y fui su delicia todos los días, teniendo solaz delante de él en todo tiempo" (Prov. 8: 22-30).
EL Padre obró por medio de su Hijo en la creación de todos los seres celestiales... Los ángeles son los ministros de Dios, que, irradiando la luz que constantemente dimana de la presencia de él y valiéndose de sus rápidas alas, se apresuraran a ejecutar la voluntad de Dios. Pero el hijo, el Ungido de Dios,.. tiene la supremacía sobre todos ellos (Heb. 1: 3)
Cristo era el Dios esencialmente y en el más elevado sentido...
El Señor Jesucristo, el divino Hijo de Dios, existió desde la eternidad, como una persona distinta y sin embargo uno con el Padre. Era la gloria máxima del cielo. El Comandante de los seres celestiales y recibía el homenaje de adoración de los ángeles por derecho propio...
Hay luz y gloria en la verdad de que Cristo era uno con el Padre antes de la fundación del mundo...
Esta verdad... explica otras verdades igualmente misteriosas
La ciencia de la santidad
domingo, 23 de agosto de 2009
Para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos. (1 Tes. 3: 13.)
La ética inculcada por el Evangelio no reconoce otra norma sino la perfección de la mente de Dios, de la voluntad de Dios. Dios requiere que sus criaturas se conformen con su voluntad. La imperfección del carácter es pecado, y el pecado es la transgresión de la ley. Todos los atributos correctos del carácter moran en Cristo como un todo perfecto y armonioso. Todo el que recibe a Cristo como a su Salvador personal tiene el privilegio de poseer esos atributos. Esta es la ciencia de la santidad...
La gloria de Dios es su carácter... Este carácter fue revelado por la vida de Cristo. Para que pudiera condenar al pecado con su propio ejemplo en la carne, tomó sobre sí la semejanza de la carne de pecado. Constantemente contempló el carácter de Dios; constantemente reveló ese carácter al mundo. Cristo desea que sus seguidores revelen en su vida ese mismo carácter.
Ante el mundo, Dios nos está desarrollando como a testigos vivientes de lo que pueden llegar a ser los hombres y las mujeres por la gracia de Cristo. Se nos manda que nos esforcemos en procura de la perfección del carácter. Dice el Maestro divino: "Sed pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mat. 5: 48). ¿Nos martirizaría Cristo requiriéndonos una imposibilidad? ¡Nunca, nunca! Es un honor el que nos confiere al instarnos a ser santos en la espera de él. Puede capacitarnos para lograrlo pues declara: "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra" (Mat. 28: 18). Tenemos el privilegio de ese poder ilimitado...
Dios obra con los que representan debidamente su carácter. Mediante ellos se lleva a cabo su voluntad en la tierra como en el cielo. La santidad induce a su poseedor a dar frutos, abundando en toda buena obra.
Un Salvador Completamente Suficiente
sábado, 22 de agosto de 2009" Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. " (Isa. 45: 22).
Muchos se esfuerzan afanosamente caminando en la angosta senda de la santidad. Para muchos la paz y el descanso de esta bienaventurada senda no les parecen más cerca hoy que en los años pasados. Miran allá a la distancia, lo que está cerca; convierten en complicado lo que es muy sencillo. El es "el camino, y la verdad, y la vida" (Juan 14: 6). El plan de la salvación ha sido claramente revelado en la Palabra de Dios; pero la sabiduría del mundo ha sido demasiado buscada y demasiado poco la sabiduría de la justicia de Cristo. Y algunas almas que podrían haber descansado en el amor de Jesús, han quedado dudando de muchas cosas y turbadas por ellas...
Estamos heridos y contaminados por el pecado; ¿qué haremos para ser curados de su lepra?... En el desierto, cuando el Señor permitió que las serpientes venenosas hirieran a los rebeldes israelitas, se ordenó a Moisés que erigiera una serpiente de bronce, y se dispuso que todos los heridos la miraran y vivieran. Pero muchos no buscaron la ayuda del remedio establecido por el cielo...
Si comprendmos cuáles son nuestras necesidades, no dediquemos todas nuestras facultades a pensar en ellas y a lamentarlas, sino "mirad y vivid". Jesús es nuestro único Salvador; y , sin embargo, millones que necesitan ser curados, rechazan la misericordia que les ofrece . . Satanás nos sugiere que somos desvalidos y no podemos bendecirnos a nosotros mismos. Es verdad; somos desvalidos. Pero levantemos a Jesús delante de él: "Tengo un Salvador. En él confío, y nunca permitirá que quede confundido. En su nombre triunfo. Es mi justicia y mi corona de regocijo" ...
Quizás nos parezca que somos pecadores perdidos; pero precisamente por eso necesitamos un Salvador. Si tenemos pecados que confesar, no perdamos tiempo. Estos momentos son de oro... ¡Precioso Salvador! Sus brazos están abiertos para recibirnos y su gran corazón de amor espera para bendecirnos.


